El Rostro de Michelle

Quedan 4 días para el 11 de diciembre, y a esta hora debería estar preparándome para terminar las cosas pendientes y salir hacia el centro de Santiago para celebrar el cierre de la Campaña de Michelle Bachelet. En cambio, estoy sentado frente a esta pantalla reflexionando acerca del significado de lo que ocurrióla pasada tarde, e intentando, como nos ocurre a los creyentes, encontrar en estos hechos un sentido distinto al mero azar que saca un camión de su eje y desbarranca justamente al Bus que trae al Comando Juvenil de Michelle Bachelet, junto a varios músicos, desde un acto de campaña en Temuco.
La imagen que tengo en los ojos, es la de Michelle en las noticias de TVN. Sus ojos rojos por las lágrimas y una expresión de dolor tan genuina y profunda que no pudo sino conmoverme.
Se le ha acusado de ser poco política. De apelar a factores emocionales. De no tener estatura de estadista. Yo no sé qué es exactamente lo que se requiere para ser Presidente de Chile. Pero sí sé queen momentos como el que hemos vivido la pasada tarde, no hubiera querido ver otro rostro, otra expresión, otra emoción distinta a la de la Dra. Michelle Bachelet.
En ese rostro no había cálculos ni bajezas. No había ni la sombra de una especulación política. Estaba sola. La mujer, la doctora, la responsable por esos muchachos y sus vidas. Nadie más. Nada más.
Mientras en otros canales veíamos a Piñera y Lavín como el perro y el gato, al menos yo tuve la oportunidad de compartir una lágrima con la próxima Presidenta de Chile, sin pensar en los resultados de este Domingo.
Rodrigo Castillo
La imagen que tengo en los ojos, es la de Michelle en las noticias de TVN. Sus ojos rojos por las lágrimas y una expresión de dolor tan genuina y profunda que no pudo sino conmoverme.
Se le ha acusado de ser poco política. De apelar a factores emocionales. De no tener estatura de estadista. Yo no sé qué es exactamente lo que se requiere para ser Presidente de Chile. Pero sí sé queen momentos como el que hemos vivido la pasada tarde, no hubiera querido ver otro rostro, otra expresión, otra emoción distinta a la de la Dra. Michelle Bachelet.
En ese rostro no había cálculos ni bajezas. No había ni la sombra de una especulación política. Estaba sola. La mujer, la doctora, la responsable por esos muchachos y sus vidas. Nadie más. Nada más.
Mientras en otros canales veíamos a Piñera y Lavín como el perro y el gato, al menos yo tuve la oportunidad de compartir una lágrima con la próxima Presidenta de Chile, sin pensar en los resultados de este Domingo.
Rodrigo Castillo